Aquí estoy, intentando embriagar mis neuronas de nuevo a ver si consigo arrancarles aunque sea unas palabras inconexas que dejen salir ésto, porque si no lo vomito pronto voy a reventar, esparciendo pedazos sanguinolentos por todas partes, pintando las paredes con estos pensamientos a los que no acabo de darles forma, cual pintor cabreado escupiendo colores a su musa.
Hoy encontré esto por ¿casualidad? Y es tan jodidamente apropiado. No he parado de escucharlo, obsesivamente, agarrando mi inspiración por el cuello y apretando su obstinada cara contra cada nota, contra cada silencio. Es como si cada uno de esos silencios fueran una barrera infranqueable en el camino, o uno de esos agujeros espacio-temporales que te devuelven, una y otra vez, al mismo principio, con toda tu frustración a cuestas mientras intentas avanzar, sólo para caer de nuevo en el mismo interminable vórtice que te devuelve otra vez al principio... en un bucle infinito.
A veces la música es lo único capaz de describir lo que las esquivas palabras nos prohíben...
Hoy he decidido que no creo en las casualidades.
ResponderEliminarAsí puedo jugar a saltar de por qué en por qué a la pata coja y con los ojos vendados; procurando no engancharme la falda en una arista y dejarme los putos dientes en el suelo, junto con el alma, aunque en el fondo probablemente sea eso lo que busca alguien que trata de agarrar por las pelotas las motivaciones propias y ajenas.
Metadedos fantasmales acariciando fantasmales metanucas... Me gusta el mar de suspensión sensorial en el que me quedo durante un rato después de leerte.